Este centenario edifico ubicado frente a la Plazuela Machado, actualmente se encuentra bien preservado y por las noches luce majestuoso, ya que es uno de los edificios que recibió el beneficio de la iluminación nocturna del Viejo Mazatlán.

Alberga un Museo, restaurantes, bares, galerías y tiendas de artesanías. Fue construido originalmente por Don Benito Machado, prospero comerciante quien tenía en ese lugar una gran tienda. Sin embargo recibe su actual nombre “Los Portales de Canobbio” debido a una herencia familiar a favor de la familia que lo ha tenido en propiedad hace ya más de 100 años.

Para entender su importancia historica se necesita ir más atrás y hablar de Tomasa Osuna y el portal de la lonja

El portal de la Lonja y Tomasa Osuna

En los días que apareció La Cordelière con ánimo de guerra por las playas de este puerto, allá por marzo de 1864; mientras la sombra de la guerra se extendía por el País, la clase política local estaba enfrascada en un debate que se había generado entre el Ayuntamiento y Tomasa Osuna.

Una parte del Cabildo estaba empeñada en alinear las calles de la ciudad para que tuviera una imagen ordenada.

Estaban en la aplicación de esa política, cuando se iniciaron los trabajos de remodelación del que entonces se llamaba Portal de la Lonja, que era propiedad de Tomasa Osuna, una comerciante originaria de La Noria.

En acatamiento de las disposiciones legales vigentes, la propietaria tuvo que solicitar los permisos de construcción ante la autoridad municipal para proceder a realizar los trabajos. Cuando fue ventilado el asunto en Cabildo algunos Regidores vieron, en la ocasión, la oportunidad para poner el ejemplo más rotundo en su propósito de alinear las calles.

Ese Portal de la Lonja era el sitio idóneo para el caso: por su ubicación frente a la Plazuela Machado y debido a su característica arquitectónica saliente, que impedía la continuación en línea recta de la calle Tacuba (hoy Heriberto Frías); en otras palabras, por constituir un “evidente estorbo” en el trazo de la cuadrícula urbana que pretendían lograr, su alineación sería ejemplarizante para otras fincas que se encontraban en situaciones parecidas en otras calles.

Sin embargo, la Lonja era un sitio muy popular, era emblemático del pueblo en esos tiempos, porque ahí funcionaba una especie de plaza comercial de la época, con locales de distintos tipos de negocios: de ropa, zapatos, sombreros, abarrotes, etc. Todos de segunda clase, como se les clasificaba en aquellos años. Al conocerse el proyecto oficial que implicaba recortarle los arcos y el portal a esa finca, hubo manifestaciones de oposición. Las opiniones se dividieron en el seno de los órganos de autoridad local. Sin embargo, el Cabildo decidió obligar a la dueña a alinear su inmueble, expropiándole por causa de utilidad pública lo que debía ser parte de la calle.

La propietaria y el arquitecto Juan Mondini, encargado por Tomasa Osuna de la obra de remodelación de los portales, se negaron a acatar el acuerdo edilicio y pusieron manos a la obra dentro de las dimensiones originales del predio. El constructor y diseñador de la remodelación de los portales fue detenido; pero, por órdenes del Prefecto de Distrito, salió en libertad, casi de inmediato.

Todo esto en medio de las urgencias de la guerra, que finalmente hicieron inútil el debate aquel. El edificio fue remodelado. El antiguo era de una sola planta y tenía portales, con detalles de arquería hacia las calles Del Oro (hoy Sixto Osuna) y Tacuba (hoy Heriberto Frías). Al final, quedó de dos plantas con portales frontales hacia la Plazuela Machado, tal y como lo conocemos hoy bajo la denominación del apellido de los boticarios Canobbio, que años más tarde tuvieron en esa finca su negocio.

Los trabajos del alineamiento urbano en el resto de las calles se suspendieron para dar paso a la construcción de trincheras defensivas en varios puntos, particularmente en áreas aledañas a la playa sur, por los rumbos de la Loma Montuosa y hacia Puerto Viejo (playa norte).

Los negocios de Tomasa Osuna sobrevivieron la remodelación. Dos años más tarde, casi al final de la era de la intervención, las autoridades designadas por el imperio de Maximiliano determinaron que los comerciantes debían registrarse bajo amenaza de clausura. Entre las solicitudes para que se registraran oficialmente de nuevo sus empresas, junto a las de Pedro y Francisco Echeguren, Antonio de la Peña, Francisco Lie, Jesús Escovar, Juan Ramírez, Juan Kelly, Paulino Paredes, Antonio Vico y Juan Francisco Tamez, aparece Tomasa Osuna como la única mujer que pidió se le matriculara en el ramo mercantil. Envió la solicitud el 25 de junio de 1866, con su firma en papel sellado del Ministerio de Hacienda del Imperio Mexicano, y a la letra dice: “I. Ayuntamiento de Mazatlán. Tomasa Osuna, soltera de origen mexicano, hace presente que para continuar en el giro mercantil por mayor y menor a que estoy dedicada, pido a ese I. Ayuntamiento se sirva mandarme inscribir entre los comerciantes matriculados de esta plaza. Y al efecto espero se me expida la patente correspondiente”.

Negocios en los portales de Canobbio

El Edificio de Los Portales de Canobbio; Además de ser una de las joyas arquitectónicas del Viejo Mazatlán, cuenta con una rica variedad de anécdotas y hechos históricos mazatlecos, una de las más conocidas le sucedió a un grupo de marineros japoneses, cuando Don Benito Machado era su propietario -Sucede que por iniciativa de Don Benito se permitió que este lugar sirviera de refugio de un grupo de marinos Japoneses que habían naufragado en el año de 1842 y que eventualmente regresaron a la tierra del Sol Naciente en donde en lugar de recibirlos con alegría, fueron torturados y encarcelados por haber violado la ley que prohibía a los nacionales Japoneses tener contacto e intimar con extranjeros-.

La historia comercial de Los Portales de Canobbio es muy rica, ya que con el paso del tiempo perteneció a una casa mercantil llamada “Jecker, Torre y Compañía” quienes la vendieron en el año de 1852 a una acaudalada dama de nombre Tomasa Osuna, quien la heredó a la Sra. Ramona Tamés Osuna esposa Don Luis Canobbio. El Sr. Canobbio de origen Italiano, estableció en ese la botica, “La Italiana” que por muchos años fue la más grande y surtida de la ciudad (1899). El Sr. Canobbio era un respetable boticario muy hábil en la preparación de pócimas y remedios muy populares, pero el que le dio fama y fortuna fue el licor de “La Diosa Venus”, que se dice era un extraordinario tónico que ayudaba a conservar la belleza y a recuperar la juventud perdida, por lo que las damas de esa época tanto de Mazatlán como de otras partes de México, eran asiduas consumidoras de la pócima mágica, se dice que los caballeros no se quedaban atrás.

Otros negocios que han albergado Los Portales de Canobbio son; “El Portal de la Lonja” que por mucho tiempo fue el único lugar autorizado por las autoridades para vender calzado. También fue residencia oficial del Banco de Londres y México (1897)

Esta propiedad fue heredada por el Sr. Canobbio a sus hijos, algunos de los cuales regresaron a la tierra de sus ancestros lo que originó que su esplendor decayera, hasta que finalmente fue adquirida en su totalidad por uno de los descendientes quienes gracias al gran impulso que recibe el Viejo Mazatlán, tanto de autoridades como de la iniciativa privada, luce muy bien y es ya un patrimonio del viejo Mazatlán, que no puedes dejar de conocer.

Escrito por Gustavo Gama Olmos y recuperado de Amigos de Mazatlán